Si bien hay relativa similitud entre esto y la parranda de nuestro folclor, también es cierto que en el caso específico del costumbrismo vallenato hay una diferencia notable, ya que aunque es posible hablar de parranda cuando se trata de un conjunto de acordeón, caja y guacharaca que en medio de un grupo de amigos deambula por la calle, la noción correcta y “reglamentaria” de parranda vallenata se ajusta específicamente al caso de un numeroso grupo de amigos, sobre todo hombres pero que no excluye a la mujer, reunidos por lo general bajo la sombra de un frondoso árbol en el patio de una casa, o en ocasiones en el interior de la misma cuando llena ciertas condiciones de espacio para divertirse al ritmo de la música típica, intercalada con otras joyas del folclor como chistes, anécdotas, relatos, etc.
Utilizamos entre comillas la palabra reglamentaria, porque, si bien los reglamentos o normas no son muy característicos dentro del folclor y su espontaneidad, en algunos casos se dan y se perfilan entonces como reglas culturales cuyo único código es la fuerza de la costumbre. En una parranda, cualquiera por ignorancia puede transgredir una norma, pero no faltará quien inmediatamente, después de un disimulado toquecito de hombros, le llame la atención.
La parranda es, en este caso, y más que otra cosa, un homenaje a la música; el acordeonero, el guacharaquero y el cajero lo entienden así, por eso en aquel momento le imprimen reverencia y máxima consagración a su oficio; saben que cada movimiento de sus dedos se está observando y valorando; que cada emanación de su sapiencia cala muy adentro en el corazón de sus asistentes. El acordeonero, más que en un músico, se convierte en aquel momento en un filósofo cuyo discurso, en un finísimo lenguaje del espíritu, cultiva, engendra o magnifica los sentimientos de quienes, silenciosos y sentados en circunferencia, evocan, por este medio tan eficaz, la grandeza de su estirpe, al tiempo que las notas musicales se desgajan sobre ellos como un manantial de recuerdos, principios y emociones que conforman la esencia de un vivir que bien podría ser descrito mediante un pentagrama.
Quien quiera tener contacto con la verdad cultural vallenata, debe asistir a una parranda. Pero parranda vallenata de verdad. Pues no todo acordeonero que ejecuta sus notas en medio de un grupo de borrachos, hace parte de una parranda.
Arq. JOSÉ RICARDO MERIÑO BARRIOS
Director



No hay comentarios:
Publicar un comentario